Cada junio se conmemora el mes del orgullo LGBTQ+, fecha en que se invita a recordar la historia de quienes han llegado a luchar por un reconocimiento, igualdad de derechos y posibilidad de vivir con libertad y dignidad.
Más que una celebración, es un ejercicio de memoria, resistencia y visibilización. Nos recuerda que aún existen personas y comunidad que enfrentan discriminicación, violencia y barreras para ejercer plenamente sus derechos.
En esta misma línea, la filósofa Judith Butler plantea que el reconocimiento no solo es ser vistos, sino que nuestras vidas lleguen a ser consideradas valiosas y dignas de ser vividas. Por lo cual, esta idea nos invita a pensar que construir una sociedad justa es escuchar experiencias de quienes fueron invisibilizados o de quienes apoyan a la comunidad.
Por ello, en el marco del mes del orgullo, preguntamos:
“¿Qué reflexión tienes sobre la marcha del orgullo LGBTQ+?”
A continuación, compartimos algunas de las voces que decidieron reflexionar con nosotras y nosotros.
Jona.
«Para ser la primera vez que vengo, se me hizo muy bonito. Nunca me había sentido tan libre y sin ser juzgado. Aquí pude ser yo mismo. Me di cuenta de que hay más personas como yo y que compartimos algo en común.»
Alira.
«También fue mi primera marcha y me sentí muy a gusto. Me sorprendió descubrir que existe una comunidad tan grande en Juárez; siempre pensé que éramos muy pocos. Me recordó que solo queremos existir, ser reconocidos, vivir con respeto y sentirnos libres de ser quienes somos. El Orgullo no pertenece solo a un mes: es una lucha constante que lleva muchos años y que seguirá mientras sea necesaria.»
Alessandro.
«Tenía miedo y me sentía muy nervioso. También era mi primera vez. Estar rodeado de personas que me comprenden me hizo sentir seguro, único y muy bien recibido.»
Alaska.
«Para mí, estos movimientos siempre han estado muy presentes. La marcha no solo representa la exigencia de derechos; también crea un sentido de pertenencia, de familia y de comunidad. Frente a las estructuras sociales y políticas que aún generan desigualdad, estos espacios siguen siendo necesarios para visibilizar nuestra existencia y abrir camino a las nuevas generaciones. La concientización no debería limitarse a junio: el reconocimiento y la defensa de nuestros derechos deben mantenerse en todos los ámbitos de la vida.»
Iván.
«Es importante salir a las calles, no solo para exigir derechos, sino también para recordar que existimos. La marcha me hace sentir que merecemos amar y ser amados.»
Laissa.
«Al principio sentí miedo porque era mi primera Marcha del Orgullo. Me intimidaba ver a tantas personas expresándose con tanta libertad. Pero mientras caminábamos, ese miedo se transformó en un profundo sentimiento de acompañamiento. Me dieron ganas de llorar porque no me sentí sola. Aunque no soy parte de la comunidad LGBTQ+, pienso en mis alumnas y alumnos que enfrentan dificultades por ser quienes son. Ojalá llegue el día en que todas las personas puedan amar con libertad y sin miedo.»
Cada una de estas voces nos recuerda que el orgullo puede vivirse de diversas maneras, pero comparte un mismo camino: el reconocimiento, pertenencia, respeto y posibilidad de existir con dignidad.
Gracias a quienes compartieron su experiencia; escuchar también es una forma de construir una comunidad.


Deja un comentario