Tiempo de lectura: 6 minutos.
El quehacer de la psicoterapia
La psicoterapia es un lugar donde acompañamos a las personas en procesos hacia formas más auténticas de ser, desde la superación —nunca resuelta del todo— de la contradicción entre la aceptación radical y el permanente deseo de cambio (Linehan, 2008). Y es justo ahí donde se comprende empáticamente a quien acompañamos, el cambio ocurre (Rogers, 1957).
Son diversas las posturas desde las que ejercemos la psicoterapia. Hay quienes exploramos cómo aquellas conductas que suelen nombrarse como “negativas” han sido, en realidad, formas adaptativas de responder al mundo; desde ahí, la terapia se convierte en una posibilidad para encontrar nuevas maneras de adaptarnos, defendernos y regularnos (Froxán, 2012), así como de relacionarnos con nuestro dolor desde la aceptación y la flexibilidad psicológica (Hayes, 2012).
En terapia también guiamos la construcción de un sentido de la propia existencia (Yalom, 1980), un sentido que, a través del juego, lo simbólico y las narrativas, se des/re-construyen (Winnicott, 1971).
Además, la psicoterapia es un espacio donde advertimos que no somos meros dispositivos de adaptación al rendimiento, sino profesionales con una postura crítica (Han, 2014), capaces de revisar con cautela los sistemas que oprimen, que son injustos y que reproducen violencia estructural (Fanon, 1961). Desde ahí, se abren enclaves de sanación y dignificación que dialogan con perspectivas decoloniales (Quijano, 2000; Walsh, 2017; polanco et al., 2025), e incluso con procesos de justicia orientados a la transformación de la realidad social (Martín-Baró, 1998).
La psicoterapia es así, una de las tareas más humanas y significativas en nuestra comunidad; sin embargo, este acompañamiento converge con procesos de sanación, dignificación y justicia en los que también las y los psicoterapeutas luchamos por encontrar sentido a nuestro propio sufrimiento.
¿Quién cuida a las/os psicoterapeutas?
Acompañar como psicoterapeutas puede llevar a efectos como el trauma vicario, la fatiga por compasión y el burnout, que describen el impacto acumulativo del acompañamiento al sufrimiento ajeno y las condiciones estructurales del trabajo de cuidado en la salud mental (Figley, 1995; Maslach & Leiter, 2016; Hernández et al., 2007).
Esto se vuelve especialmente complejo cuando, además de ser terapeutas, somos parte de familias que también nos retan en el amar, sostenemos otros trabajos que a veces nos confunden o nos hacen dudar de nuestras capacidades, o participamos activamente en comunidades donde los límites entre el rol profesional y el personal pueden volverse difusos.
En este contexto, se vuelve indispensable contar con espacios seguros donde coincidir, donde sea posible expresar el miedo, la duda y el cansancio sin juicios ni exigencias innecesarias.

Un espacio colectivo de cuidado y reflexión
Los Psírculos de Terapeutas surgen como una respuesta ética y colectiva a esta necesidad. Se trata de un espacio seguro que abre la posibilidad de la reflexión compartida, el cuidado mutuo y la sanación colectiva, no desde la lógica de individuos aislados con objetivos separados, sino como un tejido común donde convergemos personas que nos acompañamos, nos escuchamos y nos sostenemos entre sí.

En los Psírculos no solo compartimos experiencias clínicas, sino que también nos cuidamos, retroalimentamos nuestra práctica profesional y reflexionamos de manera conjunta sobre los dilemas éticos, emocionales y relacionales que atraviesan nuestro quehacer cotidiano. Esta apuesta se alinea con enfoques de supervisión y cuidado que reconocen que la salud mental de quienes acompañamos es un componente central de la calidad y la sostenibilidad del trabajo terapéutico (Hernández, Gangsei & Engstrom, 2007).

en un psírculo de terapeutas
Los Psírculos de Terapeutas son la encarnación colectiva de un proyecto vivo. Iniciaron en junio de 2025 y se conciben como un proceso en constante transformación. No se limitan a ser un espacio de supervisión clínica tradicional donde se revisan únicamente aspectos técnicos o metodológicos de la intervención. Si bien estos elementos están presentes —como el intercambio de recursos profesionales, redes de apoyo disponibles en la ciudad y estrategias para mejorar la atención que brindamos—, el corazón del proyecto es una apuesta ética de cuidado colectivo.
Cuidar a quienes cuidan no es un lujo ni un complemento opcional: es una condición necesaria para sostener prácticas terapéuticas responsables, sensibles y humanizantes. Los Psírculos parten de la convicción de que la sanación no es un proceso individual aislado, sino una experiencia profundamente relacional, que también puede y debe vivirse entre colegas.
Escríbeme si te gustaría reexistir en este espacio.
Referencias
Fanon, F. (1961). Los condenados de la tierra. Fondo de Cultura Económica.
Figley, C. R. (1995). Compassion fatigue: Coping with secondary traumatic stress disorder in those who treat the traumatized. Brunner/Mazel.
Froxán Parga, M. X. (2012). Análisis funcional de la conducta humana. Pirámide.
Han, B.-C. (2014). Psicopolítica: Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder.
Herder. Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (2012). Acceptance and Commitment Therapy: The process and practice of mindful change (2nd ed.). Guilford Press.
Hernández, P., Gangsei, D., & Engstrom, D. (2007). Vicarious resilience: A new concept in work with those who survive trauma. Family Process, 46(2), 229–241. https://doi.org/10.1111/j.1545-5300.2007.00206.x
Linehan, M. M. (2008). Cognitive-behavioral treatment of borderline personality disorder. Guilford Press.
Martín-Baró, I. (1998). Psicología de la liberación. Trotta.
Maslach, C., & Leiter, M. P. (2016). Burnout. Wiley.
polanco, m., Beraud, C., Chico, C., Barajas, E., Eryonucu, N., Guerrieri, I., & Willis Fernandez, Y. (2025). Re-worlding therapy’s narrative: A demodern and decolonial reconstitution of healing. En The Routledge International Handbook of Postmodern Therapies (pp. 287–301). Routledge. https://doi.org/10.4324/9781003376231-24
Quijano, A. (2000). Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina. Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales, 6(1), 201–246.
Rogers, C. R. (1957). The necessary and sufficient conditions of therapeutic personality change. Journal of Consulting Psychology, 21(2), 95–103.
Walsh, C. (2017). Pedagogías decoloniales: prácticas insurgentes de resistir, (re)existir y (re)vivir. Abya-Yala.
Winnicott, D. W. (1971). Playing and reality. Tavistock.
Yalom, I. D. (1980). Existential psychotherapy. Basic Books.


Compártenos tus ideas